APLICACIÓN A LA MEDIACIÓN INTERCULTURAL

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Criticas al modelo y matizaciones desde la mediación intercultural

Las ideas de Fisher y Ury, y en general de la Escuela de Negociación de Harvard han

tendido una gran influencia, al tiempo que ha sido criticado desde varios puntos de

vista. Suares (1996) indica, críticamente, cuatro características implícitas en la

fundamentación del modelo de Harvard que son efectivamente fuertes limitaciones

desde la perspectiva de la mediación intercultural. Estos cuatro rasgos son: la causalidad

lineal y su carácter a-contextual, a-histórico e intrapsíquico. Todos ellos son rasgos que

otros modelos tratan de superar. Advirtamos al lector que hay aquí algo de juego un

tanto falso, o al menos peligroso, consistente en definir el modelo “clásico”,

“tradicional” y “lineal” de esa manera una vez que hoy día sabemos determinadas cosas

como, por ejemplo que la noción o concepción de “causalidad circular” refleja mejor la

realidad compleja del conflicto y los varios factores causales en él intervinientes. En

cualquier caso es útil reflexionar sobre esos rasgos y limitaciones desde el reino de lo

interétnico. Desde el punto de vista de la mediación intercultural hay numerosos

aspectos “rescatables”, por válidos, en dicha fundamentación. Me centraré en dos

aspectos: los relativo a causalidad y a comunicación.

Comencemos por las causas de la conflictividad. Según Suares, mientras el modelo de

Harvard descansa en una concepción lineal de la causalidad, el transformativo y el

narrativo se fundamentan en una concepción circular de las causas de la disputa. En la

concepción lineal la causa es una y no es sino el propio desacuerdo. Aunque

encontramos esta síntesis de Suares un tanto tautológica – la causa del conflicto es el

desacuerdo- no cabe duda de que es una concepción muy limitada y que es preferible la

concepción circular de que las causas son múltiples, existiendo una retroalimentación

constante entre las diversas causas.

En efecto, cuando pensamos en el conflicto interétnico y en mediación intercultural

salta a la vista que los factores intevinientes son varios. Tomemos un ejemplo,

concretamente en el ámbito de la mediación comunitaria intercultural, como puede serla

cuestión del acceso a los recursos sociales de individuos pertenecientes a grupos étnicos

diferenciados y dominados.

 

En ese acceso o no acceso inciden los mecanismos de información (en qué lengua o

lenguas se produce en la práctica ese acceso al recurso o la institución, etc), la

adecuación del recurso (diseño, condiciones, horario, etc), el conocimiento de si se

tiene o no derecho a dicho recurso, el temor a acudir en el caso de los inmigrantes

irregulares, la práctica del profesional que lo gestiona (actitudes, etc). Estamos viendo

aquí que influyen factores lingüísticos, profesionales, idiosincrásicos, normativos, etc.

Vayamos ahora a la comunicación. Según la valoración de Suares, en este modelo más

antiguo y clásico, la comunicación es entendida en forma lineal, el mediador es

considerado un mero facilitador de la comunicación que ayuda al establecimiento de un

diálogo, el cual es entendido como comunicación bilateral efectiva, estando el método

centrado el proceso de comunicación en lo verbal.

No podemos entrar aquí a valorar en profundidad estas limitaciones y puntos débiles del

método de Harvard- estando de acuerdo en líneas generales con esas críticas- pero

quisiéramos matizarlo por cuanto no deja de haber puntos positivos para la práctica de

la mediación en contextos multiculturales. El mediador intercultural es sin duda un

facilitador de la comunicación entre los sujetos diferenciados culturalmente, ya sean

éstos payos y gitanos, autóctonos e inmigrantes, no indígenas o indígenas, etc. Este rol

no es negado por ninguno de los modelos y, desde luego, tiene una importancia notable

en la mediación para la interculturalidad, por cuanto el entendimiento y comprensión

interétnica brillan frecuentemente por su ausencia, habiendo una comunicación basada

en el silencio, en la falta de momentos y “espacios” donde hablar entre unos y otros. En

otras ocasiones, cuando sí se habla, la comunicación interétnica es parcial, no efectiva,

llena de malos entendidos y se requiere de ese papel facilitador del mediador

intercultural. No olvidemos que el acercamiento entre las partes y su reconocimiento y

aceptación como interlocutores válidos son aspectos cruciales en las situaciones de

estratificación y discriminación étnica, de guetización, de nuevos asentamientos, etc.

El mediador intercultural tratará efectivamente de que se establezca entre las partes un

diálogo tal y como se explicitó hace ya décadas en el modelo denominado como

tradicional y lineal, siendo éste otro aspecto que ningún modelo de mediación

cuestiona. Ciertamente en este modelo ese diálogo es entendido como una

comunicación bilateral efectiva, aspecto éste que veremos ha sido criticado como

insuficiente desde otros sistemas de mediación inspirados en las nuevas teorías de la

comunicación, especialmente el modelo circular narrativo. Nuestra posición es que no

debemos perder de vista que conceptualizar el proceso de comunicación como bilateral

es insuficiente pero no erróneo.

Dicho de otra forma y volviendo a nuestro terreno interétnico, el establecimiento de una

comunicación bilateral efectiva en situaciones sociales de multiculturalidad significativa

es una tarea, además de difícil, inmensamente valiosa.

Sólo el hecho de acercarse, hablar, comenzar a conocerse y reconocerse, en una y otra

dirección, es ya un punto de partida clave, un paso incipiente pero desencadenante. No

es suficiente, pero no por ello deja de tener gran valor. Otra limitación puesta de

manifiesto de la modalidad lineal es que la comunicación está centrada en lo verbal. Y

aquí nuestro comentario va en la misma línea de los anteriores: ¡al menos se habla!,

pues cuántas veces lo que predomina en las relaciones interétnicas es sencillamente el

silencio, el hablar sobre el otro sin el otro delante, y el monólogo, o hablarle al otro

unidireccionalmente, sin escucharle.

SÍNTESIS SOBRE SU UTILIDAD Y APLICACIÓN EN MEDIACIÓN INTERCULTURAL

Para finalizar este acercamiento, insistimos que solo inicial y aproximativo, a los

planteamientos del Programa de Negociación de Harvard desde la óptica de la

mediación intercultural, señalaré cuatro aspectos de aplicación para el diseño ulterior de

metodologías integradoras en dicho campo.

En primer lugar, este método ofrece y encuentra soluciones directas y más o menos

rápidas (o al menos trata de hacerlo), siendo en suma, bastante “práctico en el día a día”,

y eso es muchas veces lo que se necesita el/la mediador/a intercultural. Ciertamente,

muchas situaciones o casos de mediación en contextos multiculturales, requieren por su

complejidad de todo un proceso, con varias sesiones, seguimiento, reuniones conjuntas

y separadas, etc. De acuerdo, pero no siempre es así, y no debemos perder de vista que

otros métodos más prolijos, complejos y duraderos, pueden en ocasiones llevar a

frustraciones.

En segundo lugar y ligado a lo anterior, se trata de una metodología que, si bien no hace

el énfasis que debiera en la dimensión relacional, lo cierto es que tiene potencialidad

terapéutica, pues en la medida en la que se llega a un acuerdo se da pie a una cierta

mejora de la relación o al menos a establecer un contacto.

Tercero, la metodología expuesta está llena de aspectos de enorme interés que pueden

se aplicados en sí mismos o como complemento de otras metodologías. De la fase

inicial de separación de personas y problemas, destacaríamos por ejemplo que ello

puede evitar en buen grado la frecuente culpabilización y estigmatización étnica o

cultural (“como es marroquí”, “como es musulmán”, etc), pues las partes y el propio

mediador se están centrando en el problema. Del segundo nivel, indicaremos la enorme

ventaja de trabajar focalizadamente sobre los intereses, porque es fundamental que se

sepa que la mayoría de las veces no se está ante incompatibilidades de valores o

prácticas culturales, sino ante motivaciones, deseos y necesidades dispares.

En cuanto al tercer momento del método, señalaremos que lo que hace falta, en

contextos multiculturales, es precisamente investigar conjuntamente opciones de

beneficio mutuo, a partir del convencimiento de la capacidad de los interlocutores.

Respecto al cuarto punto, es claro que si para cualquier mediador es capital trabajar con

criterios objetivos, ello es absolutamente clave en la construcción de la interculturalidad

por lo que ésta tiene de trabajar no sólo en el respeto a las diferencias, sino sobre los

terrenos comunes (Giménez, 1997 y 2000). Para finalizar, añadiremos que en cualquier

caso, este método puede ser extremadamente

proceso amplio de mediación intercultural.

 

MEDIACIÓN PARA PERSONAS Y FAMILIARES AFECTADOS POR LA FIBROMIALGIA

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A modo de introducción decir que, en este artículo hablaremos de la mediación en situaciones como las de las personas y familiares de sufren de fibromialgia, y usaremos el ejemploi de la asociación AFINSYFACRO.

La fibromialgia es una enfermedad que presenta síntomas como dolor muscular y generalizado, fatiga, insomnio, mal estar general, depresión, entre otros. La mayoría de pacientes con fibromialgia, un 90 por ciento más o menos, son mujeres de mediana edad.

La causa de la fibromialgia es desconocia aún auqnue se asocia con alteraciones en el sistema nevioso crental. Es importante que además del tratamiento médico, se consideren los tratamientos naturales, psicológicos y remedios para la fibromialgia ya que se ha demostrado que son muy efectivos para sobre llavar le enfermedad y aliviar los síntomas y el dolor de los puntos dolorosos de la fibromialgia.

Por si no conoces la enfermedad o quieres información más detallada te comparto un video y después sigo con el tema de la mediación y el trabajo social.


En el caso de la asociación AFINSYFACRO, e Trabajador trabaja considerando las necesidades de las personas con fibromialgia  y sus familiares que pertenecen a la asociación, con el objetivo de dar normalidad o de normalizar la situación de enfermos y familiares.

Ellos lo explican mejor en su web de la que extraemos un fragmento más extenso sobre los obejtivos a la hora de aplicar la mediación y el trabajo social en personas con enfermedades como la fibromialgia.

Los objetivos que se constituyen como el eje central de la labor del Trabajador Social en AFINSYFACRO son:

  • Facilitar apoyo y asesoramiento a enfermos y familiares.
  • Facilitar información sobre la Asociación a toda persona interesada.
  • Función mediadora: una de las labores más importantes que realiza el Trabajador Social para AFINSYFACRO es la de mediador. Tanto en conflictos que se puedan presentar en las relaciones entre los socios, así como aquellos que puedan presentar con sus familias u otros grupos.
  • Motivación de las personas afectadas y fomentar una actitud positiva, para que puedan afrontar mejor su situación.
  • Intervención preventiva: prevenciónde posibles riesgos sociales con los que se puedan encontrar los socios, tales como la exclusión a causa de su enfermedad crónica, marginación, etc.
  • Coordinación del trabajo interdisciplinar entre los diferentes profesionales (Fisioterapeuta, Psicólogo, monitores de Rehabilitación, etc)
  • Coordinación de las actividades
  • Tramitación de ayudas y subvenciones para el funcionamiento de la Asociación
  • Gestión de los recursos obtenidos para el desarrollo de las actividades, garantizando su mejor distribución y ajustándolas a las necesidades de los socios
  • Planificación, gestión y ejecución de proyectos y prestaciones destinadas a la Asociación

Extraido de la web: http://www.afinsyfacro.es/asuntossociales

El trabajo de mediación se lleva a cabo de forma directa con el afectado y su familia para informar y promover los cambios necesarios para mejorar la situación y calidad de vida de estas personas.

También se realizan trabajos en grupo para aprender entre todos y compartir experiencias. Y por último se realiza un trabajo social el la comunidad y entorno para conciencia a los demás de las necesidades, cuidados y problemas que tienen las personas que conviven con la fibromialgia.

Actualización:

Al hilo del post publicado, ampliamos la información con un mapa de Google donde podrás encontrar algunas de las asociaciones de fibromialgia que hay en España. Esperamos que os pueda servir de ayuda.

MEDIACIÓN DE PAREJA Y APOYO PSICOLÓGICO EN CASOS DE INFERTILIDAD

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parejaCuando una pareja quiere tener un bebé y tienen problemas para quedar en embarazo, la relación puede verse deteriorada, es por eso que es importante buscar una mediación o apoyo psicológico que les ayude a unirse y comprenderse en esos momentos adversos donde la infertilidad puede hacer mella.

Las dos miembros de la pareja desean tener un hijo pero al no lograrlo pueden surgir emociones encontradas y hasta distanciamiento.

En los casos en los que la pareja ya ha buscado métodos para quedar embarazada o estén realizando algún tratamiento de fertilidad, también es importante la mediación y el apoyo psicológico para reducir el estrés y los sentimientos negativos que puedan surgir.

La mediación en estos casos puede venir de parte del entorno, la familia y amigos pueden ser un gran apoyo y una forma para la pareja de ver el problema desde otros puntos de vista, deahogando así sentimientos y emociones enquistados en la pareja.

Es recomendable pedir ayuda cuando por ejemplo notas que tu relación está cambiando, cuando sientes tristeza o melancolía, cuando tienes estrés y ansiedad, cuando a pesar de vivir en pareja te sientes solo o sola, cuando sientes un estado de preocupación constante o cuando la culpabilidad aparece en las conversaciones.

El tema de la culpabilidad es importante trabajarlo, ya que nadie es culpable por tener un problema de fertilidad, ya sea el hombre o la mujer.

Una situación muy común es cuando el hombre se siente agobiado y evita expresar sus sentimientos refugiandose en actividades o trabajo fuera de casa.El peso cae entonces sobre la mujer que puede empezar a resentirse contra su pareja al sentirse llena de miedo, confusión y sentir falta de apoyo y comprensión.

La consecuencia de este tipo de situaciones y emociones pueden terminar en un distanciamiento o incluso una ruptura. Lo importante en estos casos en sentarse y hablar, expresar los sentimiento y hacer un esfuerzo por comprender a la otra parte.

Si te sientes indentificada/o con este caso te dejo más información en este enlace sobre la mediación en la pareja, y no olvides que si la situación empeora lo mejor es buscar una ayuda profesional, y en el caso de que no puedas permitirtelo, siempre puedes preguntar en los servicios sociales de tu localidad o bien confiar en algún amigo o familiar de confianza para que os pueda dar un apoyo y una visión periférica de la situación.

Cuando hay un problema de pareja como es el caso de la infertilidad, lo mejor es unirse en la adversidad y enfocarse en encontrar alternativas y soluciones.

MEDIACIÓN SANITARIA INTERCULTURAL PARA DIABÉTICOS MUSULMANES

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Hoy hablamos sobre una iniciativa dentro de la mediación intercultural en el ámbito de la salud. Una iniciativa relacionada con el control y el plan de alimentación para diabéticos musulmanes que hacen el Ramadán llevada a cavo en Castellón por la CMIS (Comisión de Mediación Intercultural Sanitaria).

Son una ficha médica y dos guías informativas en varios idiomas donde, mediante tablas adaptadas a los horarios del Ramadán y a las costumbres y comidas musulmanas, podrán registrar y llevar el control de su diabetes y los niveles de azúcar, de manera que los médicos y enfermeras puedan llevar un control más exshaustivo, tanto en el día a día como en casos de complicaciones por niveles alterados de azúcar en sangre.

Esta iniciativa también incluye formación para el personal sanitario donde aprenden sobre las constumbres culturales y de alimentación de musulmanes. El objetivo es normalizar y fomentar el servicio médico para musulmanes con diabetes e integrar de la manera más natural las distintas constumbres y culturas que conviven en Castellón.

Es importante adaptar la medicación con los ayunos en el caso de pacientes que a pesar de su condición de diabéticos, o en el caso de otras enfermedades, quieran hacer el ayuno del Ramadán. Algunos musulmanes por enfermedad no hacen el ayuno, mientras que otros aún padeciendo alguna enfermedad deciden hacerlo.

Y por supuesto, toda esta iniciativa se trata de evitar las posibles complicaciones que se pueden derivar del ayuno en diabéticos que se medican con insulina, como las subidas o bajadas de azúcar, mareos, deshidratación o la cetoacidosis diabética.

Para los que quieran más información sobre la dieta para diabéticos pueden visitar la web dietaparadiabeticos.org y al respecto de esta iniciativa de mediación pueden visitar la web www.castello.san.gva.es/ramadan, allí podrán encontrar los documentos y podrán ponerse en contacto directo con el personal de la CMIS.

CMIS

Este proyecto de mediación lleva ya unos años en activo y seguirá ampliandose en los próximos años dentro del ambito de la mediación sanitaria y la mediación intercultural.

Si te interesó la información también puedes compartirla en las redes sociales para que tenga una mayor difusión.

EL MODELO TRASFORMATIVO Y SU APLICACIÓN EN LA PERSPECTIVA INTERCULTURAL

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En 1994 Robert A. Baruch Bush y Joseph P. Folger publicaron The Promise of

Mediation, una obra que daría – y está dando- mucho que hablar…..y que aplicar. Fue

publicado en castellano en 1996 con el título de La promesa de la mediación. Cómo

afrontar el conflicto a través del fortalecimiento propio y el reconocimiento de los

otros. Como podemos ver ya desde el mismo título de su obra, estamos ahora ante una

metodología que va centrarse en la mejora o transformación de las relaciones humanas y

no tanto en la satisfacción de una determinada necesidad mediante el establecimiento de

un acuerdo.

Con esa obra se coronoba, por así decirlo, la madurez de años de practica mediadora y

de una serie de trabajos previos tanto de Bush (1989, 1989-1990, 1992), como de Folger

(véanse los textos con Bernard, 1984; con Poole y Stutman, 1993; con Jones, 1994).

Además de la práctica mediadora y de la investigación sobre ella, en el tandem Bush-
Folger se complementan campos como el derecho y la comunicación. Bush es profesor

de Resolución Alternativa de Disputas en la Escuela de Leyes de Hofstra University, en

el campus de Hempstead, ubicado en Nueva York. Con sus numerosos artículos y

ensayos, ha sido merecedor de varios premios oficiales. Folger es profesor de

Comunicación, así como decano asociado en el área de investigación y estudios para

graduados en la Escuela de Comunicación y Teatro, de la Temple University.

En este modelo el acuerdo no aparece como objetivo inmediato, esencial y ultimo, sino

como consecuencia de la mejora de la relación. En el espléndido primer capitulo de la

obra citada, ejemplo claro de honestidad intelectual y de asertividad, los autores nos

ofrecen cuatro enfoques discrepantes en el movimiento de la mediación: las historias de

la satisfacción, de la justicia social para las mujeres embarazadas, de la transformación y de la opresión. Como puede

verse en esa tipología, Bush y Folger ubican su metodología como una de las presentes

en el movimiento de la mediación.

EL CONFLICTO COMO OPORTUNIDAD DE CRECIMIENTO Y LA TRANSFORMACIÓN DE LA RELACIÓN COMO OBJETIVO

A través de esa reconsideración del movimiento de la mediación y sus enfoques, Bush y

Folger hacen una crítica constructiva al enfoque de resolución de problemas. Parten de

la conceptualización del conflicto como una oportunidad de crecimiento, más

concretamente de una oportunidad para el crecimiento moral. Este crecimiento moral de

la persona en el proceso de mediación se expresa en dos dimensiones: la del

fortalecimiento del yo y la de la superación de los límites para relacionarnos con los

otros. La mediación supone un proceso de aprovechamiento de esa oportunidad: “la

idea es que en el criterio alternativo basado en estas premisas, los conflictos aparecen

como fecundas oportunidades de crecimiento, y la mediación representa un modo de

aprovechar cabalmente tales oportunidades” (Bush y Folger, 1996, 133).Por otra parte,

el objetivo de este modelo no es resolver un conflicto mediante el logro de un acuerdo,

sino la transformación o mejora de una relación. No es que se desestime o subvalore los

acuerdos, pero lo central y primordial es la mejora de la relación. Si además hay

acuerdo mejor que mejor.

Este giro en la meta a alcanzar es muy positivo en mediación intercultural. Como hemos

señalado en otro lugar (Gimenez, 1997) la mediación intercultural va más allá del

conflicto, abordando el desajuste, la inadecuación, etc. 4

un enfoque como el transformativo que no se centra en el acuerdo que acabe con la

disputa. Centrarse en el acuerdo responde a una concepción que refiere mediación a

conflicto. Aunque los modelos que no se centran en perseguir el acuerdo– como el

transformativo y el circular narrativo- parecen centrarse de todos modos en la

conflictividad, desde nuestra perspectiva de trabajo en mediación intercultural

encontramos que “ir más allá del acuerdo“ como meta principal, aspirando bien a la

mejora de la relación (Bush y Folger) bien a la mejora de la comunicación (Coob) son

líneas muy sugerentes en una mediación como la intercultural en la cual es clave el

establecimiento de mejores cauces de comunicación y, en definitiva, de una relación

interétnica más adecuada.

De lo que se trata esencialmente en mediación intercultural es ayudar a mejorar aquellas

relaciones interétnicas marcadas por el desconocimiento, rechazo, discriminación,

prejuicio, etc. La mediación intercultural debe incorporar este enfoque transformativo,

implícito en la idea de Interculturalidad como un “deber ser” acerca de cómo debieran

ser las relaciones interétnicas (Giménez, 1997 y 2000).

En este modelo se trabaja fundamentalmente para conseguir la Revalorización

(“empowerment”) y el Reconocimiento. Sin entrar ahora en la enorme importancia que

esta línea de trabajo está teniendo, en general, en el mundo de la mediación, sí queremos

hacer algunos comentarios sobre su carácter ineludible y crucial en el ámbito de la

mediación intercultural.

Bush y Folger son conscientes de la necesidad de ser lo más precisos posibles en la

manera de comprender y utilizar estos dos elementos que “no son meros conceptos

abstractos sino efectos muy reales que pueden reconocerse cuando aparecen en el

ámbito de la mediación y más allá de su límites” (pág. 134). Coherentes con la

necesidad de manejar adecuadamente estas dos categorías, Bush y Folger,

“desmenuzan” ambas ganando mucho en cuanto a la operativización.

MODELOS DE MEDIACIÓN Y SU APLICACIÓN EN MEDIACIÓN INTERCULTURAL

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INTRODUCCIÓN

La mediación intercultural está en auge, pero su expansión no va acompañada todo lo

que debiera de avances en su fundamentación teórico-conceptual. Al surgir la mayoría

de los programas de mediación intercultural, por no decir la totalidad de ellos, desde las

entidades públicas con competencias en inmigración e integración de minorías así como

de organizaciones sociales ligadas a colectivos autóctonos (gitanos) o alóctonos

(inmigrantes, refugiados) y no de entidades dedicadas a la mediación en general

(centros y gabinetes de mediación familiar, comunitaria, etc) se corre el riesgo de no

sentar adecuadamente las bases conceptuales de la nueva figura o de configurarla con

escaso carácter mediador o sin aprovechar adecuadamente el enorme potencial de la

mediación.

Como en tantos otros aspectos de la vida personal y social, también en el desarrollo de

la mediación es importante tener en cuenta simultáneamente su unidad y su diversidad.

Su unidad, porque a nadie de los que nos dedicamos a la mediación nos interesa perder

la visión compartida y los principios básicos que nos vinculan. Su diversidad, por

respeto a las innovaciones que van surgiendo y porque es ella la que permite crecer. A

todos nos interesa que la mediación intercultural se desarrolle con pujanza y utilidad,

aprovechando lo mejor de la mediación preexistente y enriqueciendo a su vez las

mediaciones más “clásicas”. Se hacen necesarias aportaciones en materia de

fundamentación conceptual y metodológica de la mediación intercultural y uno de los

caminos para ello es analizar cómo aplicar en contextos multiculturales los principales

sistemas de mediación.

En este artículo se lleva a cabo un ejercicio de comentario de tres modelos de la

mediación desde la perspectiva de la mediación intercultural. Dicho de otra manera,

reflexionamos sobre los modelos de Harvard, Transformativo y Circular Narrativo

desde la óptica de los procesos de mediación entre partes etnoculturalmente

diferenciadas y buscando relaciones de interculturalidad.

 

Estamos siguiendo la clasificación ofrecida por Suares (1996) sobre los principales

modelos de mediación, aunque sólo seguimos el análisis de esta autora como una

orientación general. Estando de acuerdo en general con Suares en la interesante síntesis

y contraposición que de esos tres planteamientos hace (páginas 58-63), considero que

aparte de su limitación por ser un breve resumen, la autora hace una lectura un tanto

unilateral del conjunto de instrumentos disponibles desde el modelo que ella más valora

y aplica, esto es el circular narrativo elaborado por Sara Coob. En nuestra indagación

hemos ido directamente a los textos de cada uno de los paradigmas, teniendo en cuenta

tanto a los propios autores más representativos de cada modelo como los comentarios y

desarrollos propuestos por otros estudiosos.

La variedad de experiencias que deben interesar al mediador o a la mediadora

intercultural es un territorio muchísimo más vasto que los representados

respectivamente por las ideas de la Escuela de Negociación de la Universidad de

Harvard, las transformativas de Bush y Folger o las de circularidad narrativa, los cuales

no son sino algunos bosquecillos en el amplio y variado paisaje de la mediación.

Piénsese, por ejemplo, en formulaciones como las de Lederach (1996) que, estando muy

influidas por el Proyecto de Negociación de Harvard, son originales y difícilmente

clasificables. O las ideas sobre resolución de conflictos en y tras las guerras y conflictos

civiles; en esta línea citaremos por ejemplo las aportaciones de Galtung (1998) sobre las

3R (reconstrucción, reconciliación y resolución); las de Fitzduff (1998) en relación con

la conflictividad en Irlanda del Norte o la propuesta general de Lederach (1998) para

“sociedades profundamente divididas”.

Por no hablar de los modelos populares de mediación cotidianamente usados en

colectivos urbanos y rurales de distintas áreas del mundo, de los que el propio Lederach

nos habla. Y sobre todo, tómese en consideración la inmensa riqueza de las pautas de

resolución de conflictos en cada cultura, algo sobre lo que ahora estoy trabajando,

descubriendo el enorme arsenal de sabiduría que podremos aprovechar para su

aplicación al desarrollo de esa cultura pacífica y positiva del conflicto que conviene ir

alumbrando y generalizando, así como para potenciar la mediación intercultural en

particular. Lo arduo de la tarea (a largo plazo y en equipo) y la necesaria eficacia y

concreción nos exige, sin embargo, limitarnos a los tres modelos mencionados.

Antes de considerar cada modelo puede ser útil o clarificador exponer nuestra línea

general de razonamiento. Con otros autores y profesionales de la mediación,

consideramos que todos los modelos aportan elementos valiosos y que sea cual sea el

que sigamos, es conveniente incorporar a nuestra perspectiva y práctica aquellos

aspectos que nos sirven de cada uno de ellos. Como ocurre con otros campos y teorías,

también aquí existe el riesgo de seguir únicamente un enfoque desestimando totalmente

los demás. En este sentido en el apartado final, tras analizar cada sistema y reflexionar

sobre su aplicación a la mediación intercultural, ofrecemos unas primeras bases para

una propuesta integrativa de síntesis. Estas conclusiones constituyen las bases de una

Metodología Integrada para la Mediación Intercultural que será publicada

próximamente.

En cada modelo, comenzaremos exponiendo resumidamente su génesis, naturaleza y

principales características. Luego, iremos entrando en el detalle de su formulación y

técnica comentando cada aspecto en relación con los contextos de relaciones

interétnicas y de multiculturalidad, esto es pensándolos desde la perspectiva de su

aplicación a la mediación intercultural.

 

EL MODELO DE HARVARD Y LA MEDIACIÓN

INTERCULTURAL

EL PROGRAMA SOBRE NEGOCIACIÓN DE LA UNIVERSIDAD DE HARVARD

A diferencia de los otros dos métodos que expondremos, el llamado modelo de Harvard

no es directamente un sistema de mediación, sino una escuela de negociación y

resolución de conflictos. Estamos, en todo caso, ante un método de mediación para la

negociación asistida2

relación con las disputas y con la negociación han influido muy notablemente en las

prácticas los profesionales de la mediación, en buena parte de ellos como método

predominante y en otros como un bagaje a tener en cuenta (puede verse a este respecto

las obras de Cornelius y Faire, 1995; Diez y Tapia, 1999; Folger y Jones, 1997; Folberg

y Taylor, 1997; González – Capitel, 1999; Gottheil y Schiffrin, 1996; Grover, Grosch

y Olczak,1996; Kolb y otros, 1996; Moore, 1995; Muldoon, 1998; Ripoll- Millet, 1995;

Singer, 1996, Torrego, coord., 2000)

A mediados de la década de los setentas Roger Fisher – profesor en la Facultad de

Derecho de Harvard. – inició a William Ury en el campo de la negociación. Pocos años

después (en 1981)ambos expertos, con la colaboración de Bruce Patton, publicaron

Getting to Yes (traducido al castellano con el título de Obtenga el Sí). Diez años más

tarde, Ury publicó Getting Past No (publicado en castellano como Supere el No),

dedicándole el libro a Fisher. Ury es consultor y profesor de negociación en la Facultad

de Derecho de Harvard, cofundador y director asociado del Programa de Negociación

en la Facultad de Derecho de Harvard. Patton es el director adjunto del Proyecto

Harvard de Negociación. Se trata de un equipo que está familiarizado con el manejo

continuo de diferentes niveles de negociación, desde los nacionales hasta los

internacionales.

A continuación, haremos una breve síntesis del modelo, centrándonos en el denominado

“método Fisher-Ury”. Además de los textos ya citados, el lector puede ir a los detalles

en las obras citadas previamente o en otras recogidas en la bibliografía.

. Ahora bien, las ideas y experiencias del grupo de Harvard en

EL MÉTODO FISHER- URY

Este método parte de considerar cuatro puntos básicos en la negociación: las Personas,

los Intereses, las Opciones y los Criterios. Algunos puntos esenciales o ideas-fuerza en

cada uno de esos ámbitos son:

Personas: Separar a las personas del problema.

Intereses: Centrarse en los intereses, no en las posiciones

Opciones: Pasar de las posiciones a las opciones, inventar opciones en beneficio

mutuo, trabajar juntos para crear opciones que satisfagan a ambas partes, pasar de

las protestas a las propuestas

Criterios: Insistir en utilizar criterios objetivos.

Separar a las personas del problema

Se parte de que los negociadores son, ante todo, personas. También de que cada

negociador tiene dos clases de intereses: en la esencia y en la relación, distinguiendo los

autores los “intereses de esencia” y los “intereses de relación”. En este método es

crucial el hecho de que “la relación tiende a entremezclarse con el problema”. En este

sentido, una observación decisiva en la perspectiva de Fisher y Ury es que la

negociación posicional pone en conflicto la relación y la esencia. A partir de esos

puntos de partida o considerandos, la recomendación de esos negociadores es la de

“separar la relación de la esencia”; como ellos plantean “trate directamente con el

problema de las personas”.

En el desarrollo de este primer aspecto y fase, se abordan tres elementos claves en las

relaciones entre personas: las percepciones, las emociones y la comunicación. Tras dejar

sentado que en una disputa y negociación hay distintas percepciones en cada parte,

Fisher y Ury recomiendan a los negociadores ( y aquí se deducen numerosas tareas para

el mediador): ponerse en el lugar del otro, no deducir las intenciones de los demás a

partir de los propios miedos, no culpabilizarles de su problema; discutir las

percepciones de cada cual, buscar oportunidades de actuar que estén en desacuerdo con

las percepciones, otorgar un lugar en el resultado (asegurando que se participa en el

proceso) y “cubrir las apariencias”, haciendo que las propuestas estén de acuerdo con

los valores de la otra parte.

Respecto a las emociones, lo primero que hay que hacer por parte de los negociadores

(o las partes en el conflicto) es reconocer esas emociones presentes y comprenderlas,

tanto las de los demás como las propias. Tras ello, otras sugerencias del método para

quienes están negociando ( y que nuevamente marcan múltiples líneas de acción al

mediador que facilita la negociación) son: manifestar las emociones de forma explícita,

reconociéndolas como legítimas, permitir que la otra parte se desahogue, no reaccionar

ante las explosiones emocionales y utilizar gestos simbólicos.

En lo que se refiere a la comunicación, Fisher, Ury y Patton identifican tres problemas

usuales en la comunicación entre las partes protagonistas y de ellas con la tercera parte

facilitadora: a) “puede que los negociadores no se hablen entre sí”, b) “incluso si usted

les habla, directa y claramente, puede que no le oigan” y c) “las malas interpretaciones”.

Aquí las líneas de trabajo recomendadas a las partes son las siguientes: escuchar al otro

de forma activa (reconociendo lo que ha dicho), hablar para ser comprendido, hablar

sobre uno (los intereses propios, emociones, etc) y no sobre los demás, y hablar con un

propósito. En su explicación del método, los autores indican lo conveniente de construir

una relación de trabajo y sentencian: “Enfréntese al problema, no a las personas”.

Centrarse en los intereses, no en las posiciones

El punto de partida es que para llegar a un solución juiciosa, es preciso y posible

conciliar los intereses, no las posturas. El fundamento aquí presente es que “los

intereses definen el problema” y que “detrás de las posturas opuestas residen intereses

compartidos y compatibles, así como otros que se hallan enfrentados o en conflicto”. Se

nos presenta aquí, de acuerdo a las técnicas habituales de resolución de conflictos, una

nueva diferenciación útil: intereses compartidos y compatibles versus intereses

enfrentados o en conflicto. Pero entonces, la cuestión a plantear es: ¿cómo identificar

los intereses de las partes en disputa o negociación?.

Como respuesta a ese interrogante, los autores ofrecen las siguientes vías a las partes:

preguntar oportuna y sistemáticamente “por qué?”, así como “¿por qué no?”; darse

cuenta de que cada lado tiene no uno sino múltiples intereses; partir de que los intereses

más poderosos son las necesidades humanas básicas (seguridad, bienestar económico,

etc.); finalmente, hacer una lista con los distintos intereses en juego.

A partir de la identificación de los intereses, se trata de hablar sobre ellos, haciendo que

“sus intereses tengan vida” , reconociendo “sus intereses como parte del problema”,

comentando “el problema antes de su respuesta” y mirando “hacia delante, no hacia

atrás”. Concluyen su mensaje a las partes (siendo también un mensaje para el

mediador): “sea concreto pero flexible” y – en línea con el primer aspecto- “sea duro

con el problema, no con las personas”.

Inventar opciones en beneficio mutuo

En este tercer nivel, el método Fisher – Ury, ofrece un diagnóstico y una receta. El

diagnóstico es formulado así: “en la mayoría de negociaciones hay cuatro grandes

obstáculos que inhiben la invención de opciones abundantes: (1) juicio prematuro, (2) la

búsqueda de la única respuesta; (3) la asunción de un pastel de tamaño fijo, y (4) pensar

que “la solución de su problema es su problema””. (1998, 76).

La receta es la siguiente: “para inventar opciones creativas usted necesitará: (1) separar

el acto de inventar opciones del actos de juzgarlas, (2) ensanchar las opciones que se

encuentran sobre la mesa, en lugar de buscar una sola respuesta; (3) buscar los

beneficios mutuos, y (4) inventar formas de hacer que sus decisiones sean fáciles”

(ídem, 78-79).

Insistir en utilizar criterios objetivos

Una vez identificadas las opciones de beneficio mutuo y para poder llevarlas a cabo, los

autores insisten en la necesidad de descubrir y usar criterios objetivos. Se parte de que

decidir basándose en la voluntad de cada una de las partes es caro. Por lo tanto y dado

que “intentar solucionar las diferencias de interés basándose en las voluntades tiene

unos costes tan altos”, la solución que se plantea es la de “negociar sobre alguna base

independiente de la voluntad cualquiera de las partes, o sea, basándose en criterios

objetivos “(1998, 100, énfasis de los autores). La tesis mantenida y comprobada por

estos facilitadores de la negociación es que “la negociación basada en los principios

alcanza acuerdos juiciosos, de forma amistosa y eficaz” (ídem, 101).

Entrando ya en el terreno de la práctica, Fisher y Ury se platean enseguida: “llevar a

cabo una negociación basada en los principios conlleva dos preguntas: ¿Cómo

desarrolla usted unos criterios objetivos y cómo los utiliza para negociar?” (pág. 103).

Para la primera cuestión, Fisher y Ury comienzan por observar que normalmente

encontraremos más de un criterio objetivo que pueda ser utilizado como base de

acuerdo. No es éste el lugar para ver ejemplos como los planteados por los autores, pero

sí para indicar algunas de las características que esos criterios objetivos deben tener: ser

independientes de la voluntad de cada una de las partes, ser legítimos y prácticos, y por

último poderse aplicar a ambos lados o partes afectadas.

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